Caminaba...
Con el paso ortopédico y robotizado de la costumbre, de la condena eterna de caminar.
Caminaba...
Sin mirar alrededor la nada que siempre constituía su paisaje, por la que pasaba sin provocar sensación de a avance o retroceso... solo eso...
No hacía otra cosa desde que podía recordar... pero estaba cansado y ya casi no recordaba por qué lo hacía. Su paso se ralentizó y se fue desmadejando a cada zancada. Justo cuando empezó a perder la voluntad, una aguda punzada a la altura del estómago dobló su cuerpo por la mitad.
Hambre, era hambre lo que sentía... y alimento lo que buscaba... siguió caminando. Llegó por fin a un rincón de su vacío planeta que aún no había visitado. Le provocó muchísima curiosidad aquel objeto alto y estilizado, que se ramificaba en la altura y se llenaba de hojas, y que proyectaba su sombra sobre el suelo sin color.
Se acercó y lo miró con curiosidad de arriba abajo y alrededor. Era del mismo tono que el resto de su pequeño mundo, y en realidad nada era especialmente remarcable en él. Excepto quizá su presencia misma y aquel... ¿qué era aquello?
Estiró su brazo entre las ramas y palpó aquel bulto sólido con delicadeza. ante su sorpresa, el lazo que lo unía al árbol blanco cedió con suma facilidad y quedó con aquel objeto rectangular en su mano.
Era algo más pesado de lo que esperaba por su volumen. Además, parecía palpitar, como si algo se moviese en su interior.
Lo inspeccionó un poco más de cerca. Estaba duro por fuera, pero tenía un núcleo de láminas flexibles en el interior. Desplazó la tapa rígida superior para palpar detenidamente las láminas cuyo canto ya podía apreciar por fuera.
Ante su sorpresa lo encontró hueco. Acercó el rostro a aquel vacío novedoso. Olía bien, como a nuevo, a recién estrenado, a limpio...
El estómago devolvió su pensamiento a lo apremiante de su necesidad.
¿Qué flotaba allí dentro?
Introdujo los dedos en la sustancia líquida y temeroso extrajo un objeto complejo y negro, como un montón de trazos yuxtapuestos caóticamente.l Sin pensarlo demasiado se lo llevó a la boca y lo mordió por la mitad. No distinguió ningún sabor en especial pero era lo único con lo que contaba para saciar su hambre. Cuando hubo masticado y tragado parsimoniosamente el primer bocado se comió el resto.
Algo sucedió. No sabía exactamente que había pasado pero algo había cambiado a su alrededor con aquel gesto...

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