sábado, 19 de mayo de 2007

CAMINABA -parte 2-

Era curioso, todo estaba como siempre; la hierba verde, el cielo azul, aquel árbol de color gris y horas oscuras... el moreno de su piel... pero tuvo la sensación de que su comida había efectuado algún cambio que aún no conseguía definir.
Su estómago le pidió un poco más. Probaría con aquel dibujo rojo.
Con la sensación acentuada de que algo estaba pasando se espantó distraidamente una mariposa que le revoloteaba alrededor de la cabeza.
Con cada bocado su apetito crecía más y más. Hasta tuvo un momento de extrañeza cuando se vio a sí mismo comiendo palabras de un libro.
No estaba seguro de recordar haber tenido siempre tantos conceptos en su cabeza, y tenía la inquietante sensación de que el mundo rico y complejo que le rodeaba no le resultaba tan familiar como debiera.
Cuando ya no hubo más palabras flotando en el interior del libro, el hambre aún rugía en su interior. Así que apoyó el borde sobre sus labios y bebió.
Al apurar la última gota encontró unos ojos mirándole desde el fondo. Eran los suyos.
Extendió una mano que el otro individuo agarró y aprovechó para ayudarse a salir de aquella superficie reflectante tan reducida.
Lo miró de la cabeza a los pies... cuando terminó de rodearlo pensó que en absoluto se parecía a él y decidió preguntarle cómo se llamaba.
Por toda respuesta, la extraña extendió el brazo en su dirección y abrió una mano menuda. En su palma brillaba una última palabra.
La tomó suavemente de su mano deteniéndose en el contacto novedoso de una piel ajena y se la llevó a la boca sin vacilar.
Enseguida recordó la sensación de latencia que notó al primer contacto con el libro... pero ahora parecía provenir de algún lugar dentro de él. La eterna punzada aguda de su estómago se transformó en un agradable revoloteo, como si se hubiera tragado vivas una docena de mariposas. Sintió calor en su cara, se llevó la mano a la mejilla mientras sus labios se curvaban hacia arriba liberando la tensión de su gesto. Era como si su cuerpo no pesara nada... levantó la vista.
Sólo fue consciente de lo que estaba haciendo cuando ya estaba muy cerca de ella, sus ojos acuosos lo habían atraído irremediablemente, sintió el calor de su cuerpo entre sus brazos, cómo temblaba como él, la suavidad del contacto de otros labios sobre los suyos... y luego aquella luz cegadora.

De nuevo aquel dolor lo dobló por la mitad... abrió los ojos y se encontró sentado sobre la sombra que proyectaba un objeto extraño y estilizado que se ramificaba en la altura.
Recordaba vagamente aquel objeto blanco y rectangular que tenía sobre el regazo, inconscientemente levantó la tapa superior y hojeó las láminas flexibles del interior.
Estaban cubiertas por filas ordenadas de símbolos... que era incapaz de reconocer.
Un punto se oscureció sobre la hoja, los símbolos se emborronaron a lo largo del recorrido de la lágrima, mientras meneaba la cabeza con gesto turbado... incapaz de entender por qué se sentía tan imponente.

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